Víctor Aguilar se despide como obispo de Celaya con una trayectoria marcada por los retos, la inseguridad y la evolución digital

Celaya, Guanajuato a martes 22 de septiembre del 2026, (Alan Ordaz) – La salida de Víctor Alejandro Aguilar Ledesma de la Diócesis de Celaya, tras su nombramiento como obispo de Querétaro, abre una transición inédita para una diócesis con más de 50 años de historia, marcada durante su gestión por pandemia, inseguridad, reorganización pastoral y fortalecimiento comunitario.

Aguilar Ledesma recibió la diócesis después de una etapa de restricciones sanitarias que había detenido actividades religiosas, catequesis y formación sacerdotal.

Su gestión comenzó con la tarea de reactivar estructuras y comunidades, en un contexto que describió como especialmente difícil para la vida eclesial.

La llegada estuvo marcada por templos cerrados, ausencia de catequesis y un seminario sin actividad, además de incertidumbre sanitaria.

“Los templos cerrados, no había actividad, no había catequismo, no teníamos seminario.” El entonces obispo enfrentó así el inicio de su servicio en Celaya.

La recuperación coincidió con el 50 aniversario de la Diócesis de Celaya y con los 50 años del seminario, acontecimientos que permitieron retomar la memoria institucional, promoción vocacional y participación comunitaria.

“Fue un algo muy intenso, muy bonito, creo que lo recordamos con mucho cariño.”

Durante el periodo también avanzó la construcción de la nueva catedral, mediante la conclusión de oficinas, salones y áreas sociales, además del avance de la estructura principal.

El proyecto recibió impulso mediante una comisión encargada de organizar esfuerzos y recuperar entusiasmo entre la comunidad.

La reorganización alcanzó igualmente la estructura parroquial, con la creación de dos nuevas parroquias, elevando a 88 el número existente en la diócesis.

También fueron reconocidos dos nuevos santuarios, vinculados con espacios de devoción, fervor y actividad cristiana dentro de distintas comunidades.

Uno de esos procesos se desarrolló en la Cañada de Caracheo, donde el trabajo pastoral se relacionó con el inicio de la causa de los hermanos Sierra.

La fase diocesana concluyó y el proceso pasó a la etapa romana, acompañado por recorridos de carácter religioso.

Las visitas pastorales constituyeron uno de los pendientes. El proceso quedó incompleto por dos decanatos, San Miguel y Sagrado Corazón. Las restricciones canónicas derivadas del traslado impiden continuar esas visitas como ejercicio ordinario. “Me quedé así como Moisés viendo la tierra prometida”.

La formación sacerdotal también ocupó un lugar relevante, con 20 ordenaciones durante los cinco años.

El promedio buscado fue de cinco sacerdotes anuales, considerando también las bajas por edad, enfermedad y estudios, dentro de las necesidades de continuidad del presbiterio diocesano.

En la vida espiritual, el contraste entre la diócesis recibida y la actual aparece ligado principalmente a la recuperación posterior a la pandemia.

Fiestas patronales, peregrinaciones, retiros, encuentros matrimoniales y actividades de movimientos laicales volvieron a desarrollarse, aunque permanecen desafíos derivados del periodo virtual.

La recuperación fue acompañada por un regreso gradual de la participación presencial, aunque persiste el desafío de quienes permanecieron vinculados mediante medios digitales, especialmente jóvenes.

“Creo que en estos momentos se ha rescatado muchísimo”, expresó Aguilar Ledesma al valorar la recuperación pastoral.

La inseguridad permaneció como uno de los grandes desafíos del periodo.

El balance presentado la ubica como una situación cambiante, con robos, migración de habitantes, negocios cerrados y distintas expresiones de violencia en municipios. “Solamente el que no quiere ver, lo ve.”

La lectura sobre seguridad también estuvo acompañada por un contraste entre Guanajuato y Querétaro.

“Pues ahora en Guanajuato, de Querétaro como ese oasis, ese lugar, pues que no lo pierdan, ¿verdad? Como yo ya lo perdió en Guanajuato.”

Para la transición, Aguilar Ledesma permanecerá alrededor de mes y medio en Celaya, con funciones administrativas limitadas y preparación de una entrega-recepción pastoral, económica y administrativa.

La sede vacante podría prolongarse desde un mes hasta un año, sin plazo definido para designar sucesor. “Se necesita un obispo también que sea joven, dinámico”.

El próximo obispo recibirá una diócesis con pendientes como la nueva catedral, la participación presencial y la seguridad. El llamado incluye integrar sacerdotes, laicos, medios y sociedad, mientras espera al sexto obispo de Celaya. “Y eso es lo importante, tener una paz estable y duradera.”