Tampico, Tamps a 31 de Marzo de 2026. A casi un mes del derrame de hidrocarburos en el Golfo de México, el Gobierno federal mantiene un despliegue superior a 3 mil elementos para contener la contaminación que ha afectado más de 630 kilómetros de litoral en Tabasco, Veracruz y Tamaulipas, sin que hasta ahora se haya determinado con precisión el origen del crudo.
El Grupo Interinstitucional (GI) —integrado por Petróleos Mexicanos (Pemex), la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales y otras dependencias— informó que continúan las investigaciones técnicas sobre la procedencia del contaminante. Entre las líneas de indagatoria se encuentra la posible descarga de un buque en el fondeadero de Coatzacoalcos, donde de 13 embarcaciones identificadas en la zona antes del evento, siete ya han sido inspeccionadas, mientras que las seis restantes permanecen bajo seguimiento con apoyo de la comunidad marítima internacional.
De manera paralela, Pemex identificó la reactivación de emanaciones naturales de hidrocarburos frente a las costas de Coatzacoalcos, lo que ha derivado en el reforzamiento de labores de supervisión, contención y limpieza. Asimismo, en la Sonda de Campeche, particularmente en el complejo Cantarell, se realizan inspecciones en ductos como Akal C y Akal H para descartar posibles fallas estructurales.
Al corte del 30 de marzo, se han recolectado 785 toneladas de hidrocarburo en playas y 40.6 toneladas en el mar, con atención acumulada en 630.9 kilómetros de costa, incluidos 39 playas, un manglar y un estero. Tan sólo en la jornada más reciente se intervinieron 54.3 kilómetros de litoral.
El operativo cuenta con 2 mil 200 elementos de la Secretaría de Marina y 700 trabajadores de Pemex, además de 47 embarcaciones, 48 vehículos, siete aeronaves, drones aéreos y submarinos, así como mil metros de barreras de contención desplegadas en mar y costa.
No obstante, el recale de hidrocarburo continúa de manera intermitente, principalmente en Veracruz y Tamaulipas. Factores climáticos como frentes fríos, oleaje elevado y vientos han favorecido el desplazamiento del crudo intemperizado hacia aguas someras y zonas costeras, incrementando su presencia en áreas de alta sensibilidad ecológica.





