Celaya, Gto. – Una noche que debía ser tranquila terminó marcada por la sangre y el horror. La Fiscalía General del Estado confirmó la identidad de las víctimas del ataque armado que estremeció al Barrio de San Juan la noche del lunes. Cuatro personas fueron asesinadas dentro de una vivienda, mientras una quinta lucha por sobrevivir.
Los fallecidos fueron identificados como Jonathan “N”, Jesús “N”, Cecilia “N” y un adolescente cuya identidad no ha sido revelada por tratarse de un menor de edad. Todos eran parte de una misma familia, reunida en casa como cualquier otro día… hasta que la violencia irrumpió sin aviso.
Eran cerca de las 7 de la tarde cuando los vecinos escucharon la ráfaga: una serie de disparos que partió el silencio y sembró el pánico entre quienes, incluso, ya preparaban celebraciones por venir. Algunos se tiraron al suelo, otros corrieron a encerrarse. En cuestión de segundos, la escena se volvió caótica.
Cuando la policía y los servicios de emergencia llegaron al domicilio —ubicado sobre la calle Mariano Arista, a unos pasos del templo de San Juan— encontraron los cuerpos tendidos entre la sala y el comedor. El lugar quedó convertido en un campo de muerte: balas, muebles volteados y sangre marcaban el paso de los agresores.
Una mujer herida, la única sobreviviente, fue trasladada en estado crítico a un hospital. Su estado de salud sigue siendo grave, y por el momento las autoridades no han revelado más información sobre ella.
La Unidad Especializada en Homicidios abrió una carpeta de investigación para esclarecer lo ocurrido. Peritos forenses y elementos de Servicios Periciales trabajaron durante horas en la escena, levantando indicios balísticos y tomando registros que podrían ser clave para identificar a los responsables.
Hasta ahora, no hay detenidos ni se ha confirmado el móvil del ataque, aunque el grado de violencia y precisión con que actuaron los agresores apunta a una agresión directa, planeada y sin margen de sobrevivientes.
El Barrio de San Juan hoy guarda silencio. Las puertas permanecen cerradas y la tristeza pesa en el ambiente. La comunidad no solo perdió a cuatro personas: perdió también la sensación de seguridad que, poco a poco, ha dejado de existir.





